
Laguna del Castro, en Villaseca de Laciana
El año pasado -no recuerdo bien cuándo- se habilitó un mirador junto a la laguna del Castro de Villaseca de Laciana, a la que no había acudido en bastante tiempo. Esta laguna, la más grande de Laciana, se encuentra a sólo 1.200 metros de altitud, y según el panel explicativo junto a ella, se originó hace 30.000 años en una morrena lateral del antiguo glaciar que recorría el valle de Lumajo (hay que puntualizar que el glaciar que recorría el valle del Sil alcanzaba 200 metros de espesor a la altura de lo que hoy es Villablino).

De izquierda a derecha, Peña Vendimia (2.009 m.) y Miro de Rabón (1.981 m.), desde las cercanías de la laguna
Me alegra ver que alguno de los muchos puntos de interés que contiene Laciana ha sido señalizado y fomentado. Es una migaja, pero menos es nada. Que el pequeño merendero habilitado en el mirador es un pegote, o que mientras que se señaliza esto se está destruyendo el valle a toda velocidad con las minas de carbón a cielo abierto, es algo obvio. Que es un lavado de cara del Ayuntamiento, como lo será el centro de interpretación de los castros o la ruta Sendas de Laciana, pues también es muy obvio. No se puede vender una casa llena de basura pretendiendo que porque el cartel de SE VENDE es muy guapo, ya está todo resuelto; sería más lógico sacar primero la basura, que igual no cuesta tanto.

La antiestética y poco rústica mesa del mirador, con el Muxivén al fondo
Volviendo al asunto principal, un camino ya existente se ha desbrozado y señalizado con otro cartel más, para ascender durante 800 metros de distancia hasta el citado mirador, que ofrece una espectacular vista de Villaseca de Laciana. También se divisan cumbres importantes, como el Alto de la Cañada (2.154 m.), Muxivén (2.027 m.) Peña Vendimia (que en el panel aparece como Nevadín, que no se ve desde aquí) o el Miro de Rabón.

Villaseca de Laciana

Vista hacia una escombrera de carbón sin restaurar

El bosque de Ladrones, que fue hábitat del urogallo hasta hace muy poco y que el Maharajá de Laciana, Victorino Alonso, quiso arrasar con otra mina de carbón a cielo abierto. Fue una de las escasísimas ocasiones en que la 'Justicia' le ha impedido salirse con la suya. Pero sigue intentándolo...
La laguna ahora mismo está hasta los topes. De hecho, algunos árboles que habían colonizado las orillas se han visto ahora con el agua al cuello. Las ranas croan, y si no se mira hacia la escombrera sin restaurar próxima, todo parece idílico. Donde se encuentra el mirador hubo en tiempos de los romanos un castro fortificado, que permanece sin excavar.

Algunos valientes abedules que se atrevieron a crecer en orillas sin anegar se han encontrado este año con una sorpresa
Y no hay mucho más que contar, salvo que para llegar a este lugar hay que tomar la carretera que sale de Villaseca hacia Lumajo, y unos centenares de metros más allá tomar una amplia pista de tierra que tiene un primer panel informativo que habla sobre la laguna y el mirador. Esta antigua pista minera es prácticamente una carretera sin asfaltar, aunque muy descarnada y con muchas piedras que asoman del firme y que la hacen algo incómoda para el vehículo.

La pista de acceso a la laguna
Nada más apearme de mi cabalgadura, aparecieron por allí tres vagabundos. Uno, gigantesco, y cojeando algo de un pie, y los otros dos, idénticos y de corta estatura, con una buena cojera también uno de ellos. El grandullón, aunque de rasgos mucho menos inteligentes que los otros dos, era claramente el líder de la banda, porque fuera donde fuera, los otros dos iban detrás. No parecían peligrosos, y se acercaron a curiosear, aunque guardando un poco las distancias.
Me dirigí a recorrer el camino hacia el mirador y pensé que me había librado de ellos, pero me seguían a una cierta distancia, no sé si con aviesas intenciones o no. Después de un rato en el mirador, llegaban ellos, algo confusos por ver que yo daba la vuelta y me dirigía en sentido contrario. Los dos clones fueron a ocultarse tras algunos robles, mientras que el gigante pasaba a mi lado, desprendiendo un fuerte olor a queso de cabra.
Apreté el paso, y al llegar al coche, salí hacia Villaseca, sin ver rastro de los tres extraños. Me pregunto que harían por allí y a qué se dedicaban. Sólo espero que si alguien los reconoce y los anda buscando, que sepa por dónde andan.

'Los tres vagabundos': una cabra de considerables dimensiones (levantaba más de un metro de altura) y sus fieles e inseparables seguidores.

Adquiriendo un poco de cultura sobre geología, flora y fauna

Me persiguen por el robledal. ¿Qué intenciones tendrán?

Los pequeñajos se enconden en el bosque al verme. ¿Me estarán preparando una emboscada?

El jefe de la banda
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