miércoles, 18 de marzo de 2009

Un puñado de Valseco y una pizca de Salientes


Valseco

La montaña es para mí una necesidad, tanto física como psíquica. No es que necesite recorrerla a diario, ni siquiera todas las semanas sin falta, pero me resulta imposible vivir sin pasar un tiempo en ellas con cierta frecuencia. Amanecer en Laciana y ver sus montañas por la ventana es un sueño. Es un privilegio para alguien que necesite vivir en las montañas. Y no son unas montañas cualquiera. No están tan humanizadas como la mayor parte de las montañas de España. Lo están, pero muchos puntos de su superficie podrían pasar como nunca hollados por el ser humano.


Las vegas de Valseco y el robledal de La Trapiecha

Últimamente salgo poco al monte. De una media de dos o tres salidas semanales de los últimos años he pasado a una o ninguna en los últimos meses. Y lo noto. Lo noto en el alma. Nunca fui coleccionista de cumbres, y cada vez necesito menos llegar a ellas. Desde las cumbres se tienen las mejores vistas, pero para mí es tan placentero recorrer el fondo de un valle o un pequeño bosquete sin nombre como ascender a lo más alto. Prefiero mil veces plantearme objetivos difusos, inconcretos, sin metas, sin cumbres. A veces no queda más remedio, o incluso me apetece subir hasta arriba; otras, pongo un pie detrás del otro, sin saber muy bien a dónde voy, y sin importarme. Ya lo dirá la propia montaña.


El camino hacia ninguna parte

Hace miles de años todo el planeta era naturaleza pura. Es donde cualquier animal desea vivir. Y nosotros también, aunque no nos demos cuenta. Las ciudades se han vuelto necesarias, tienen sus ventajas, pero nos alienan completamente de la naturaleza, a la que pertenecemos. Un paseo por la naturaleza, por esa naturaleza pura que ya tanto escasea, es una necesidad del instinto, y por tanto, una forma de colmar una de las necesidades básicas del ser humano. Sólo tenemos que ver que uno de los lugares preferidos en una ciudad, para pasear o relajarse, son los parques, ese pequeño sucedáneo de naturaleza al que recurren hasta los más urbanitas.


Uno de los saltos de agua de la reguera. Éste, de más de diez metros de altura, dudo que se pueda ver otros años, con inviernos normales

La ruta de hoy fue realmente breve. Una hora de caminata como mucho. Pero suficiente para recargar las baterías y hacer que la savia de la naturaleza me recorriera por completo. A Valseco otra vez, aunque ya estuve hace una semana. Hay días en que necesito caminar sobre la nieve. Otros no, y como sigue quedando mucha nieve en las montañas, se hace difícil encontrar algún camino desconocido que esté libre de ella.


El robledal de La Trapiecha desde el final del camino

Al norte del pueblo de Valseco, en la ladera de solana, hay un par de zetas de un camino que no va a ninguna parte. Lógicamente, debía de ser para alcanzar alguna toma de agua para el pueblo. Visto desde lejos, el final del camino parecía no tener continuación con algún sendero que alcanzara el cordal. Tenía todas las papeletas para ser una ruta tonta y sin salsa. Pero claro, eso depende de lo que uno busque. Como hoy yo no buscaba subir a ninguna cumbre, sino explorar un poco y estirar las piernas, esta ruta era tan buena como otra cualquiera. Y, además, nunca la había recorrido.


Restos de un cortín junto al pueblo de Valseco

Cerca de la iglesia de Valseco, la penúltima calle antes de llegar a ella viniendo de Matalavilla continúa ladera arriba con una estrecha calle de cemento que se dirige hacia un pequeño depósito o registro de agua. El camino que le sigue, ya de tierra, va casi horizontal por la ladera de la montaña, dejando a mano derecha las ruinas de un cortín muy visible. Luego gira y vuelve hacia atrás, cruzando la reguera principal del entorno, donde hay otro registro de agua, que deja al arroyo completamente seco. Por encima, las ruinas de un corral o una casa, enterradas en la maleza. Más arriba, en el cauce del arroyo, se aprecia un pequeño salto de agua, separado de otra cascada superior por un tramo lleno de rocas en el que no se ve correr el agua.


Mi 'amigo'. Hoy no se tiró a mi coche al pasar. Ni me ladró. Ni a la ida ni a la vuelta. Me dejó hacerle unas fotos desde la ventanilla del coche. Se le veía tristón. No sé si tendrá internet y habrá leído las palabras duras que le dirigí hace diez días en este blog. Tampoco es para ponerse así, hombre...


¿Impone o no impone el bisho?

El camino en sí no tiene ningún interés, ya que recorre una porción de montaña tapizada de brezo y robles muy jóvenes. Eso sí, se domina todo el robledal de La Trapiecha, al otro lado del valle, y hay una buena vista de la base del macizo de Valdiglesia, con la cumbre del Chao y Braña la Pena asomándose. Después de otro brusco quiebro, el camino se vuelve a dirigir hacia la reguera, donde muere junto a la primera toma de agua de todas las vistas hoy. Desde allí no hay posibilidad de continuar hacia ninguna parte. Del otro lado de la reguera, un robledal ya un poco añejo - y que ha sobrevivido a siglos de quemas reiteradas precisamente por la proximidad al agua - no muestra indicios de senda alguna. De frente, la fuerte pendiente y el poco amigable brezo no ofrecen posibilidad de continuar. No importa.


El Tambarón (2.098 m.) desde las proximidades de Salientes

Al descender observo el cauce del arroyo. Un corrimiento de tierras de casi cien metros de longitud de pronunciada pendiente ha enterrado el arroyo durante otros cien metros, obligándolo a discurrir de forma subterránea. Me imagino el estrépito y el susto de los vecinos de Valseco el día en que esto ocurrió. Porque podría haber alcanzado el pueblo. A menos que el argayo fuera paulatino y en varias etapas.


Salientes está a 1.250 metros de altitud y conserva aún nieve en las zonas de umbría

Como tengo tiempo, decido ir a Salientes. No he vuelto por allí desde el mes de octubre. Antonio y Mónica, que regentan Mil Madreñas Rojas, habían organizado un desbroce de la senda que asciende al Tambarón, desaparecida por falta de uso desde hace años, para finales de octubre. La primera y pronta nevada de la temporada lo impidió. También por aquel entonces tenía previsto realizar una ruta en el valle con Vitín, el tío de Mónica, tan buen conocedor de todos sus recovecos, que si las piedras tuvieran nombre, los conocería todos. Pero tras la primera nevada, y sin interrupciones, vino la segunda, la tercera y todas las demás.



Antonio y Vitín, restaurando un muro junto a Mil Madreñas Rojas

Me decían Mónica y Antonio que están ya hartos de tanta nieve. Porque aún queda bastante incluso en el acceso al pueblo. A pesar de que este invierno han tenido muchos clientes para el alojamiento, aunque nevara semana sí, semana también. En diciembre, durante la más gorda de todas las nevadas, un alud tapó la carretera entre Valseco y Salientes, debajo del Castiecho, donde el valle se encajona. La nieve arrastró el quitamiedos y lo arrojó al río. Era imposible pasar en vehículo. La incomunicación duró cinco días. Aún hace una semana terminaron de instalar el nuevo quitamiedos. Asomándome al fondo del río, vi grandes neveros que aún permanecen de aquella avalancha. Antonio subió las espectaculares fotos a internet en un blog creado exclusivamente para el evento.


Foto extraída del blog de Antonio (aunque ahora no soy capaz de encontrarla en él) de la nevada en Salientes a mediados de diciembre. El bulto blanco es un coche.



Mapa extraído de Google Maps con la ruta realizada en trazo rojo. Pulsar en la imagen para ampliar



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12 comentarios:

  1. Ya se echaban de menos tus reportajes Alto Sil, nos tienes mal acostumbraos ...

    Muy guapo Valseco, parece un pueblo de cuento.

    Por cierto, ¿los ojos rojos del mastín son un efecto de la cámara o es que está poseído??. No me extraña que te miedo!!.

    Saludos.

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  2. Sí, los ojos del perro son así, desde que me topé la primera vez con él, no recuerdo cuándo. Y eso claro que impone más respeto. Igual hasta es buena gente y tuvo una infancia difícil.

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  3. No importa que el recorrido sea corto, cuando el contenido es ameno, como es el caso que nos ocupa.

    Las fotografías muy buenas, pero especialmente la cara y los ojos del perro, que reflejan tristeza y cansancio.

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  4. ¡¡¡Ya me tenías preocupado!!! Esto de encender el ordenador e ir a tu blog para ver con qué excursión nos deleitas se convierte en un vicio que crea adicción. Y el mono no es fácil de llevar.
    Saludos matacaneros.

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  5. Matacán Anónimo:

    Ya quisiera yo poder escribir todos los días, pero a veces no hay manera.

    Un saludo

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  6. Por casualidad, he encontrado tu blog, me he puesto a leer este reportaje, y es como si alguien leyera mis sentimientos, y los hubiera escrito. Me encanta la montaña y me encanta tu blog, desde ahora, seré un fiel visitante, también aprovecharé para hacer algunas de tus rutas, ya que otras, me las conozco.
    Un saludo

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  7. Hola, soy Pere Rodés de Barcelona y estoy recogiendo la maxima información posible sobre aludes (avalanchas) de nieve en todo el estado español. He leido en otra pagina web que el pueblo de valseco fue "partido" en el siglo XVI, por un alud de nieve.
    Que informacion documentada podria disponer del mismo. Asi mismo le agradeceria alguna fotografia del pueblo en que se vea la"partición" del mismo.
    Podria contestar ala sigueinte correo, por favor: prodesmunoz@gmail.com
    Gracias

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  8. hola, me ha gustado mucho esta pagina donde cuentas cosas tan interesantes de eta bella tierra. He ido muchas veces por la zona de salientes y me gustaria saber si existe algún modo de recorrer el valle de salientes hacia la presa de Matalavilla sin tocar la carretera. He Bajado de Salientes a Páramo andando en una travesia de la Cordillera y siempre me he preguntado si es posible evitar el asfalto, gracias!!!

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  9. Hola: no hay nada paralelo a la carretera que te pueda servir. Los pocos caminos que hay alternativos no conectan entre sí. Además, justo entre Salientes y Valseco se estrecha mucho el valle y la ladera es vertical por el lado sur.

    Un saludo

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  10. Hola, muy bonito,con respecto al perro, creo que ni mira mal, ni esta triste, mas bien esta bastantte ciegín el pobre.Saludos de una Leonesa desde Canarias.

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  11. Mi pueblo, cada vez que voi y no voi casi nada, se me pone un nudo en la garganta

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