domingo, 9 de noviembre de 2008

Los bosques de Cerredo


El hayedo de Cerredo, que combina con robles, acebos o abedules

Algunos de los mejores bosques del suroccidente asturiano se encuentran al sur de la localidad de Cerredo, la más poblada del municipio de Degaña, aunque no sea la capital. Arribando desde La Collada -Puerto de Cerredo- lo que primero nos llama la atención es el color negro que tiñe todo absolutamente durante centenares de metros. Montañas de carbón a nuestra izquierda; carbón que cae a borbotones junto a la carretera a la derecha; camiones que traen y llevan el mineral y que ennegrecen carreteras, calles, vegetación... y hasta la ropa que los vecinos tienden en los tendales.


Roble tronchado por el peso de la nieve del martes pasado

Pero girando el cráneo hacia la izquierda, por encima de tanta negrura, el bosque caducifolio parece no darse por enterado y prosigue su vida y sus cambios de color. La verdad es que parece mentira la convivencia de lo más hermoso con la suciedad más absoluta. Pero es lo que hay, aunque el alcalde ya hizo algún amago de intentar convencer al multiempresario minero de que intente ser un poco más limpio y deje de perjudicar la imagen de esta población asturiana. Pero como con casi todo, el emperador del carbón se lo pasó por el forro.


Cuando Nieve encontró a Carbón

La ruta de hoy no era una ruta clara y concreta, sino un deambular por aquí y por allá, un disfrutar de los últimos tonos del otoño, antes de que la globalización del color establezca sus ocres y marrones hasta la paulatina caída definitiva de la hoja. Así pues, empezamos rodeados de robles, continuamos entre algunas coníferas, unas verdes y otras amarillas -¿de alguna enfermedad?- plantadas en el pasado, y nos introdujimos en el hayedo, un hayedo que convive con el robledal y se entremezcla con él para crear aún más belleza.


Lo que se podría hacer en Cerredo con una buena cámara... y con un buen fotógrafo

La nevada del martes pasado hizo también aquí mucho daño. Prácticamente no hay roble que no tenga alguna rama partida y más de uno ha tenido que ser serrado para despejar caminos. Asistimos con tristeza a la segura muerte de dos grandes robles, antiquísimos, que se partieron por el peso de la nieve. Uno de ellos ya no tiene solución y yace inerte a lo ancho de un camino, mientras que el otro, del que aún queda algo en la vertical, pudiera salir adelante, aunque muy menguado en volumen.


Negro, blanco, verde, amarillo, naranja y marrón. ¿Alguien puede ofrecer más?

La nieve aguanta, más por la ausencia de sol y de lluvia que por temperaturas, que hoy subieron ligeramente. Pero ya se echa de menos al astro rey, después de tan larga ausencia.


Cerredo esconde una excelente colección de robles centenarios


Después de haber resistido al hombre durante cientos de años, este roble no resistió una mediocre nevada prematura


Hayas, robles, acebos. Hermoso


En algunos recodos, el haya no quiere compañía. Y sigue siendo hermoso




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