jueves, 16 de octubre de 2008

El otoño en su punto álgido

Es una pena que los mejores colores del otoño duren tan poco tiempo. Unos días en que no hay aún sobrecarga de naranjas, amarillos o marrones. Aún se mantiene el verde en los robles, los abedules amarillean, los serbales y los cerezos visten su mejor traje rojo y el tono oscuro de acebos y tejos permanece inmutable.

Es agotador, francamente, porque ya no sabe uno donde posar la vista. Demasiada belleza, demasiadas ansias de absorber esas tonalidades que no se repetirán hasta dentro de doce meses.
Un intento vano, como siempre, de retener lo imparable, de parar el tiempo.

Si lográra
mos aprender a soltar, a no querer apropiarnos de todo permanentemente, aprenderíamos a disfrutar plenamente del presente y de los regalos que se nos ofrece un día tras otro.

La moralina e
s no hacer tantas fotos y vivirlo al natural un poco más.


Bosque mixto en la ladera de Cuetonidio (Laciana)



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